viernes, 27 de febrero de 2009

Volvieron a escaparse


Sucede que cada viernes a eso de las 8:05 am, en la emisora de radio que suelo escuchar, suena mi canción, ésa que hace que se me detenga el tiempo, que el resto de las cosas deje de importarme y que ignore cualquier llamada (sin importar de quién sea). Es la única canción que me relaja y logra hacerme sonreír aunque esté triste, estresada o de mal humor.

Por algún motivo que desconozco, es una de las pocas canciones que logra desatar las mariposas que llevo conmigo, ésas que me hacen soñar, volar y sentir un poco más intensamente a lo acostumbrado, ésas que por lo general mantengo controladas para no cometer más de una locura... pero cuando suena "la canción", no puedo evitar que vuelen y me arrastren con ellas; en ese momento es poco lo que puedo hacer, además de dejarme llevar.

martes, 17 de febrero de 2009

Sin previo aviso

Hoy, me cayó inesperadamente y de un sólo golpe todo el peso de la melancolía. Increíblemente había pasado casi 4 semanas evadiendo ese sentimiento y lo había logrado exitosamente hasta el momento, pero hoy se me ocurrió reconciliarme con la música de la que me alejé al mismo tiempo que me despedí de "Él", y casi inconscientemente empecé a escuchar la lista de canciones que compartimos por esos días. No creí que pasara nada inusual, porque hasta ahora simplemente me había pasado el tiempo ignorando recuerdos que pudieran hacerme daño y qué mal podría hacerme escuchar un par de canciones? Obviamente me equivoqué (y con letras mayúsculas); acabo de descubrir que la música es un catalizador bastante dañino en este caso específico; puedo evadir casi cualquier cosa, pero no con "esa" música... en especial si se trata de esta canción:



Así que por lo visto, sigo igual. Aunque por ahora estoy acá:
(Salinitas, El Salvador)...

... Mi corazón sigue acá:


... Y no sé si lo último vaya a cambiar alguna vez.

Como diría un buen amigo mío: "Eso nos pasa por desafiar distancias".

viernes, 13 de febrero de 2009

Lo de siempre puede ser diferente


Hoy fue una mañana normal: me levanté a la hora de siempre, conduje al trabajo a la hora de siempre, pensando en lo de siempre y escuchando música en la emisora de siempre. Esperaba escuchar la canción de siempre a la hora acostumbrada, pero para mi sorpresa sonó una diferente; me decepcioné un poco al inicio, porque quería continuar con mi usual rutina y escuchar mi canción favorita, no quería algo diferente precisamente hoy, pero luego (y casi obligada) decidí prestarle atención a la canción que reemplazó la mía.

No la había escuchado antes, o tal vez sí y no le presté atención por estar pensando en lo de siempre. La canción no tiene nada del otro mundo, no creo que alguna vez se convierta en éxito ni nada parecido, pero una frase sencilla puesta justo allí, llamó mi atención: "No estamos más seguros en nuestra soledad... un toque de locura es una necesidad". Me sonreí al escucharla, porque aunque no es una frase común, es bastante cierta y seguramente he conversado de esto con algun@s de mis amig@s recientemente.

A veces nos engañamos falsamente pensando que manteniéndonos al margen de los sentimientos, nuestro corazón estará a salvo y feliz... hasta hemos llegado a conformarnos con la soledad, porque es "mejor estar solo que mal acompañado". Pero la felicidad no consiste en privarnos de sentir, sino todo lo contrario: consiste en hacer lo que sentimos y poder expresarlo libremente. Si eso que sentimos hacer o decir pareciese ilógico, tonto, loco u opuesto a lo que normalmente hacemos y somos, y aún así en ese breve espacio o momento somos completamente felices, pues qué más da? hagamos lo que diga el corazón, sin arrepentirnos nunca de lo que entreguemos o hagamos en nombre de nuestros sentimientos. Eso no impide que sigamos siendo nosotros mismos, sin embargo, nos sentiremos más felices y libres... y el día de mañana no nos arrepentiremos de lo que no hicimos.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Amanecer


Cada amanecer tiene su magia, ninguno es igual a otro, porque aunque cada cosa parezca ser igual a la del día anterior, el todo en su conjunto se siente diferente. Al fin y al cabo es un nuevo amanecer, en el que pudiese construir una nueva historia (si quisiera), en el que puedo empezar nuevamente y enmendar errores del ayer. Para mí no hay mejor momento del día en el que pueda tomarme un tiempo a solas, tranquila, sintiendo paz completa y saberme segura del estrés de la ciudad... Y aunque sé que la tengo justo a mis espaldas a punto de despertar en cualquier momento, prefiero seguir ignorándola sin voltear la mirada, para prolongar lo más posible ese instante en el que no existe nada más que mi banca, mi pedacito de mar, un trozo de cielo iluminado por sol del nuevo día, un silencio exquisito y yo.. un momento increíble que es únicamente mío, en el que soy completamente feliz a pesar de cualquier cosa, en el que pienso más claramente, en el que respiro mejor y me siento totalmente libre. Pero este momento no es eterno: puedo pasar media hora o un poco más allí sin interrupciones, hasta que pasa un auto sonando la bocina, o llega alguien y pregunta: "a qué hora te levantas para llegar tan temprano?", o hasta que suena mi celular. Es entonces cuando me atrevo a mirar en dirección hacia la ciudad y veo los edificios y sus luces, que se van apagando poco a poco a medida que amanece, y hasta puedo escuchar el sonido del tráfico vehicular desde la distancia... Otra vez se me acabó el encanto, tendré que esperar 24 horas más.