miércoles, 12 de agosto de 2009

Otra tarde lluviosa


Hoy volvió a llover a cántaros, toda la tarde... fueron horas y horas en las que no hizo más que llover. Estuve todo el día en la oficina, ocupada, entre estudios y trabajos poco agradables, pero me negué a perderme la magia y saqué un momento para observar la tarde lluviosa. Me paré al filo de en una de las paredes de vidrio, justo al borde del sexto piso y me quedé contemplando la lluvia por un minuto... o al menos ésa era la idea inicial, pero me tomé mas tiempo. Fue tan relajante ver tantas gotas caer hasta convertirse en chorros de agua que caían sobre las calles, los autos, la gente y los edificios... hasta me dieron ganas de mojarme, de salir a caminar o de poner mi música a todo volumen mientras conducía sin rumbo fijo. Y allí estaba yo, olvidando el tiempo (y los deberes), perdida en mis pensamientos y en la lluvia, hasta que noté la presencia de uno de mis compañeros tras de mí. Volteé y al instante me preguntó cómo podía estar tan inmóvil y callada por tanto tiempo; le respondí una tontería que lo hizo reír y volvió a dejarme sola... y yo volvi a regresar a mi mundo, lejos de todo y de todos, ese mundo en donde casi se pueden tocar los pensamientos. Disfruté de la tarde de lluvia como siempre... y como nunca.

sábado, 8 de agosto de 2009

♪♪ No se olvida ♪♪

♪♪ ... Por más que pasa el tiempo, no...
No se olvida esos besos que me diste,
No se olvida... hay que tener mala memoria ♪♪



♪♪ No se olvida el cielo... si algún día estuviste ahí ♪♪

(y estuve allí)

miércoles, 5 de agosto de 2009

Príncipes y princesas



No me impresionan los príncipes de ningún color, tal vez porque no soy una princesa, ni me interesa serlo. Es preferible alguien más real y alcanzable, pero que tenga ese "algo" que nos vuelva locos... o me equivoco?

Lo cierto es que hoy muchos quieren ser de la realeza para conquistar corazones, pero después de lograr la conquista se les acaba el encanto. Las apariencias engañan, lo que realmente vale es lo que está en el corazón y eso sólo es posible apreciarlo cuando nos mostrarnos como realmente somos.

Creo en la magia, creo en soñar y en volar, pero algo en lo que nunca he creído es en príncipes encantados.

Acaso están en extinción los seres normales y sencillos, pero con un espíritu soñador?

lunes, 3 de agosto de 2009

El centinela y su leyenda



Se cuenta que en los primeros tiempos de la independencia, habitaba en la ciudad, una extraña joven de piel blanca que tenía la capacidad de desaparecer hábilmente al ser observada. Amaike, como se llamaba la joven, era hija de un extranjero y de una india que había muerto en los primeros años de la niña y había heredado la fortaleza de la raza aborigen y la belleza asiática, de modo que llegó a convertirse en una especie de diosa del lugar.

Pocas veces Amaike se alejaba del lugar en que había nacido. Sólo en ciertos momentos se distanciaba de su choza. Sin embargo, desde lo alto de una colina, un indio, joven, gigante y fuerte, solía vigilarla por horas. Al principio sólo la miraba desde la distancia, pero más adelante, ganó la confianza de Amaike hasta inspirarle el mismo sano y dulce amor que por ella había nacido. Él, todas las tardes se situaba en la colina y paciente esperaba las cada vez más frecuentes salidas de la hermosa muchacha.

Tan repetidas fueron sus salidas, que los soldados del fuerte tropezaban con ella de continúo, hasta que un día lograron sorprender a la joven y la capturaron. Amaike, atada de manos y desesperada por escapar, cae en un profundo foso en la mitad de la oscura noche... Al día siguiente se confirmó que la joven había quedado prisionera del agua, al no haber podido desatar sus manos.

Una vez muerta, su recuerdo no tardó en apagarse y su existencia fue atribuida únicamente a la leyenda. Sin embargo, en lo alto de la colina, todos días, el indio siguió firme en su mirador, con la esperanza de volverla a ver. Su figura se hizo habitual para quienes dirigían la mirada hacia la colina. Su obstinada quietud, lo hacían semejar a una roca, desafiante a los vientos, las lluvias y los intrusos. No se sabe en qué momento, o a raíz de que milagro, llegó a convertirse en una verdadera piedra. Y hoy, desde lo alto de la sierra, como un misterioso vigía de la comarca, se yergue, firme, arrogante y siempre con ese extraño desafío, la enorme mole denominada justamente "EL CENTINELA".

Quienes visitan el lugar, creen adivinar a través de los contornos de la erguida piedra, la figura imperturbable de quien espera todavía fiel a su amor, a la que nunca más volverá.