lunes, 3 de agosto de 2009

El centinela y su leyenda



Se cuenta que en los primeros tiempos de la independencia, habitaba en la ciudad, una extraña joven de piel blanca que tenía la capacidad de desaparecer hábilmente al ser observada. Amaike, como se llamaba la joven, era hija de un extranjero y de una india que había muerto en los primeros años de la niña y había heredado la fortaleza de la raza aborigen y la belleza asiática, de modo que llegó a convertirse en una especie de diosa del lugar.

Pocas veces Amaike se alejaba del lugar en que había nacido. Sólo en ciertos momentos se distanciaba de su choza. Sin embargo, desde lo alto de una colina, un indio, joven, gigante y fuerte, solía vigilarla por horas. Al principio sólo la miraba desde la distancia, pero más adelante, ganó la confianza de Amaike hasta inspirarle el mismo sano y dulce amor que por ella había nacido. Él, todas las tardes se situaba en la colina y paciente esperaba las cada vez más frecuentes salidas de la hermosa muchacha.

Tan repetidas fueron sus salidas, que los soldados del fuerte tropezaban con ella de continúo, hasta que un día lograron sorprender a la joven y la capturaron. Amaike, atada de manos y desesperada por escapar, cae en un profundo foso en la mitad de la oscura noche... Al día siguiente se confirmó que la joven había quedado prisionera del agua, al no haber podido desatar sus manos.

Una vez muerta, su recuerdo no tardó en apagarse y su existencia fue atribuida únicamente a la leyenda. Sin embargo, en lo alto de la colina, todos días, el indio siguió firme en su mirador, con la esperanza de volverla a ver. Su figura se hizo habitual para quienes dirigían la mirada hacia la colina. Su obstinada quietud, lo hacían semejar a una roca, desafiante a los vientos, las lluvias y los intrusos. No se sabe en qué momento, o a raíz de que milagro, llegó a convertirse en una verdadera piedra. Y hoy, desde lo alto de la sierra, como un misterioso vigía de la comarca, se yergue, firme, arrogante y siempre con ese extraño desafío, la enorme mole denominada justamente "EL CENTINELA".

Quienes visitan el lugar, creen adivinar a través de los contornos de la erguida piedra, la figura imperturbable de quien espera todavía fiel a su amor, a la que nunca más volverá.

4 comentarios:

TARANTULA dijo...

DESDE MI MUNDO DE LAS MIRADAS...
DONDE LOS SUEÑOS TIENEN SU PROPIA REALIDAD...
DONDE EL AMOR ES EL INVITADO DE HONOR...
DONDE SU ACOMPAÑANTE...EL SENTIMIENTO LLEVA COLGADO DEL PECHO UN MEDALLON CON LA SILUETA DE UNA DAMA;DIOSA DEL REINO DE LA PASIÓN...LA QUE NOS HACE MOVER EL INTERIOR,SENTIR,ENAMORAR,VIBRAR,REIR Y AVECES...LLORAR...
SU NOMBRE ESTA ESCRITO EN NUESTRAS VENAS,Y COMO NO...DE SUEÑOS Y DESEOS INVADE NUESTRAS MIRADAS...

"""""""""ALMA""""""""""""

GRACIAS!POR TU VISITA...
DESDE MI MIRADA..........BESO

Anónimo dijo...

Te has dado cuenta que en cada ciudad de latinoamerica hay una leyenda de un indio o una india que se convierte en piedra o montaña, (o estatua de sal jajaja) ? Y qué tal nuestra india dormida? esa leyenda también es hermosa.

Rafa

Hada dijo...

Tarantula:
Gracias por tu lindo comentario y por tus visitas =)

Rafa:
Es cierto, en varias ciudades existen leyendas como estas, las que me gusta conocer para acercarme un poco a la cultura del lugar. La leyenda de la india dormida, me parece interesante, mas no linda =P

simplementeyo dijo...

Que historia más triste, me encantan las leyendas. En mi tierra (en Ceuta, España) se puede ver una montaña q asemeja perfectamente a una mujer, la llamamos la mujer muerta y cuenta la leyenda que cuando Ulises vino a separar Ceuta del resto de España (ahora hay un estrecho de por medio) ella se enamoró de él y se quedó esperando a que volviera y se convirtió en piedra. Besos