martes, 20 de julio de 2010

Carta a un amigo


Te extraño todos los días de distintas maneras, pero hoy, te extraño un poco más... Ahora que no estás, los silencios son más extensos y los días trancurren más lento, ya que es notoria la ausencia de tu voz, de tus risas, tus chistes y tus usuales saludos. Fuiste un amigo sin igual que se caracterizaba por adueñarse fácilmente del cariño de todos y por exteriorizar toda esa bondad que era capaz de dar tu inmenso corazón.

Sé que tenemos que aceptar que no regresarás, sin embargo, me duele saber que no atravesarás la puerta de mi oficina cada mañana para decirme alguna ocurrencia que me haga sonreír, que no estarás aquí para romper el hielo en alguna aburrida reunión, que no darás una de tus buenas ideas cuando los demás estemos escasos de creatividad, que no compartirás uno de tus deliciosos emparedados con algún compañero que no tuvo tiempo de desayunar en casa, que no te ofrecerás de voluntario para cualquier tarea con la mejor disposición, que no me esconderás el zapato que me quité durante el almuerzo, que no te aparecerás en la noche con una barra de chocolate para "ayudarme a energizarme".

Igual que yo, muchos familiares, compañeros y amigos tienen una lista similiar de "Lo que ya nunca más Alejo hará...", porque eras más que un compañero de labores, más que un amigo y más que un par de ojos verdes. Fuiste una persona que destacaste en todo lo que te propusiste y que dejó su huella palpable en las personas que llegaron a conocerte. Lograste en tus casi 28 años lo que muchos no llegan a alcanzar en toda una vida. Ahora muchos entendemos tus aceleros, tu inquietud, tu rapidez para llegar a algún sitio y la extrema pasión que ponías en todo lo que hacías... hasta se nos ocurre pensar que tal vez algo dentro de ti te hacía saber que tu paso sobre la tierra sería mucho más corto que el nuestro, y, a pesar de eso, te esmeraste por vivir intensamente y dejar un legado en cada uno de los que te conoció.

Personalmente, me siento feliz de haberte conocido y de haber compartido tanto contigo durante los últimos tres años. Me alegra mucho saber que viviste cada día como si fuera el último, que diste todo de ti sin arrepentirse, que hiciste lo que quisiste, no lo que debiste, que exteriorizaste todas tus opiniones y que no guardaste nada para mañana.

Hace unos días me solicitaron limpiar tu puesto, entregar tus objetos personales a tus familiares, revisar tu computadora y tu correo electrónico para organizar tus archivos, documentos y registros. Admito que fue un proceso difícil pero necesario, además, después de eso, siento que te conozco más que nadie, ya que así pude saber mucho más de ti, por ejemplo: la última película que viste, los clientes que trabajaste los últimos días, los detalles guardabas con cariño, la oración que hacías cada mañana antes de iniciar tus labores, la canción que escuchabas a diario, entre otros temas. Muchas cosas me hicieron reflexionar, otras me hicieron sonreír y algunas me sorprendieron. Una de ellas fue esta imagen que guardabas en el escritorio de tu laptop, que describe tus pensamientos casi exactamente:

Disculpa lo extenso de la carta, pero hace casi cuatro semanas desde la última vez que hablamos de todo, sin saber (al menos yo) que sería la última vez que lo haríamos. Gracias por tomarte un día de tus vacaciones para pasar por mi oficina y decirme ese par de cosas que no habías podido decirme antes.

Tu espontaneidad y belleza de espíritu eran, son y serán apreciadas siempre.

Hasta pronto!