lunes, 21 de marzo de 2011

No me sueltes


Si al abrazarme, me escuchas decir: "no me sueltes", no es porque quiera aprisionarte o que ates tu vida a la mía. Esas tres sencillas palabras son la forma en la que te pido que por favor, no me dejes caer, que me siento a gusto contigo, que te quiero y que me dolería que te alejaras... También quiero decir con ello que si algún día quisieras dejar de abrazarme, siempre serás libre de hacerlo; pero si eso pasara, yo seguiría guardando la esperanza de que al menos podamos coincidir en ocasiones, espacios y silencios y que quizá, de vez en cuando, cruce por tu mente y por tu corazón, la idea de que podamos mantenernos tomados de la mano... a pesar de las distancias y a pesar del tiempo.

martes, 8 de marzo de 2011

Mariposas en la panza

Viven conmigo y son parte de mí,
Pero eres tú quien las hace volar y revolotear...
Sólo hace falta que me mires o que esquives mi mirada...
Que sienta que se acercan tus pisadas a mis espaldas...
Que presienta que me piensas...
Que me hables o que calles...
Que me sonrías...
Que vea alguno de tus mensajes...
O que intuya que se avecina uno de esos abrazos que me hacen volar...
Ellas viven dentro mío... pero tú les das la magia,
Y a través de esa magia, me das la vida a mí.

jueves, 3 de marzo de 2011

Como la sangre al corazón


Ella se detiene por un instante y piensa... su mente viaja en el tiempo, un par de años atrás, preguntándose cómo es que pudo vivir sin él en ese entonces... y descubre, a su pesar, que no logra recordar con sensatez lo que fueron aquellos días antes de conocerlo. Fueron décadas sin él, de las cuales no recuerda haber soñado despierta, sentir vértigos por un simple abrazo, contener el aliento ante un momento mágico o sentir que volaba aún estando en tierra... ni una sola vez.

Ahora cada latido, cada respiro y cada suspiro, no hacía más que comprobarle que sólo con él se sentía completa, que no había otra persona en el mundo que la hiciera sentir tan a gusto y feliz, que por alguna razón inexplicable, se sentía irrevocable e inequívocamente atraída por ese sér... como si fuera su polo opuesto, como las raíces de los árboles a la tierra, como los planetas al sol... y como la sangre al corazón.